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Contra la censura
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Contra la censura

Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír

(George Orwell)

En la Red, como fuera de ella, existen personas que piensan que hay un límite a lo que puede decirse o mostrarse. Estas personas afirman que es necesario un control de los contenidos de todo aquello que se publica en Internet. Arguyen que la red es accesible a todo el mundo, sin distinción de edad, sexo, ideología, nivel cultural, ect. Y que, por tanto, personas impresionables, con poca o ninguna capacidad crítica o especialmente manipulables podrían verse afectadas por influencias claramente perjudiciales, ya fueran estas de carácter moral, ético, político, religioso, ect.

Supongamos, por ejemplo, un niño de corta edad que accediera a un Internet en el que no existiese ningún tipo de control de contenidos. Este niño podría encontrarse con una página que hiciese apología del nazismo, del KKK, o de cualquier otro grupo ultraderechista. Este niño (al que le hemos de suponer poca capacidad crítica) podría creer lo que leyera en esa página y construir una imagen del mundo en la que el racismo fuera una pieza clave de las relacciones sociales, y la violencia el modo normal de afrontar esas relacciones. Curiosamente, algunas de las personas que se muestran a favor de la censura, pertenecen a alguna de estas ideologías. ¿Son ellos unos adecuados guardianes de la moral?

El mismo niño podría encontrar una Web dedicada a la pornografía en su aspecto mas repulsivo y hacerse una idea equivocada del sexo y las relacciones entre hombres y mujeres. ¿Cuál es la idea correcta en torno al sexo que debería hacerse?

También se puede argüir en favor de este control de contenidos el hecho de que existan páginas que pueden impulsar y ayudar a actividades delictivas, como información sobre la construcción de armas y explosivos, manuales para la destilación de drogas ilegales, páginas sobre pedofilia, ect.

Además, multitud de supuestas religiones y sectas claramente destructivas intentan captar cada día nuevos miembros a través de este nuevo canal de comunicación. Grupos que, a su vez, abogan por el control de la información segun SU criterio moral.

Curiosamente, las personas que se dicen a favor de la censura se consideran, habitualmente, a salvo de estos peligros. Ninguno de ellos cree que la sola lectura de un documento pueda transformarlos en un racista violento, en un violador compulsivo, en un terrorista criminal o en un devoto seguidor de una secta satánica. Sin embargo, sí creen que haya otras personas que necesiten de esta protección especial. Su petición en favor de la censura es manifiestamente altruista, ya que va dirigida a proteger a los demás y no a ellos mismos.

Algunos países como China, Arabia Saudí o Cuba, fieles a esta forma de ver las cosas, tratan de ejercer el mayor control posible sobre todos los accesos a la Red que se llevan a cabo desde su territorio, para así proteger a sus ciudadanos de la información perjudicial que pudieran encontrar.

El problema empieza a surgir cuando tenemos en cuenta que la Red es una estructura mundial y que no se ciñe a fronteras nacionales o culturales. Entonces nos encontramos con que conceptos como legalidad o moralidad se tornan extremadamente escurridizos. Lo que afirme un norteamericano protestante puede resultarle incómodo a un iraní chiíta, el cuál, a su vez, sostendrá tesis que molestarán a un israelí judío, que tendrá opiniones que no gustarán al norteamericano protestante. ¿A quién hemos de censurar?¿Cuál de ellos no tiene derecho a expresar su imagen del mundo?

Claro que, según algunos de los que piden la censura, solo hay una visión de la realidad válida, solo una opinión posible, solo una ética, solo un dios, solo una opción política...

También surgen problemas cuando tenemos en cuenta que términos tan incómodos para un censor como libertad de pensamiento o libertad de expresión tienen tan buena acogida hoy en día, al menos en su faceta teórica. Los mismos que intentan silenciar a los demás quieren poder expresarse libremente ellos mismos. ¿Admitiría uno de estos guardianes de la moral la censura por parte de otra persona?

La única solución viene, en mi opinión, de manos de la tolerancia. Si hay algo que mi religión, ética u opción política me prohiben ver o conocer, solo tengo que apartar mi mirada. Pero no puedo prohibir a los demás lo que los demás no tienen derecho a prohibirme: el libre ejercicio de las libertades de expresión y pensamiento.

El unico limite que se le puede poner a la libertad de cada uno es la libertad de los demás. Si lo que yo pueda decir solo puede perjudicar a quien me escuche, este siempre tiene la opción de no escucharme. Solo si lo que yo expongo puede perjudicar directamente a los derechos de un tercero existe una razón para guardar silencio.