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Privacidad
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Privacidad

  1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
  2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.
  3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.
  4. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

(Constitución Española, Artículo 18)

Mis datos están en la red.

Datos de los que ni siquiera se me había ocurrido pensar que pudieran interesar a alguien. Datos que ni siquiera sabía que existían. He perdido mi intimidad.

La gente habla mucho de los Hackers, jovenes interesados en la informática y en asaltar ordenadores ajenos (eso de "asaltar ordenadores ajenos" tiene resonancias atractivamente misteriosas, pero en realidad, a veces, es trivialmente facil). Esos jóvenes pueden acceder a mis datos sin mi consentimiento.

De lo que no habla la gente, de lo que no se escandaliza, es de la ingente cantidad de empresas que pueblan la red, ratreandola, a la caza de la más mínima pieza de información que ello consideren interesante. multitud de páginas Web de moral intachable guardan Cookies, pequeños pedacitos de información, en mi propio ordenador. En ellos anotan qué páginas he visitado, qué palabras he introducido en sus buscadores... Cualquier dato que pueda a yudarles a ganar dinero gracias a mi pequeña pérdida de privacidad.

Los servicios secretos de muchos países, y quizás alguna oscura empresa privada, disponen de programas espía, olfateando, escuchando continuamente nuestras conversaciones, a la busca de mensajes criminales, terroristas, o simplemente peligrosos. Esto no es un rumor, no es una sospecha paranoica. Algunos de estos gobiernos, como los de EEUU y Francia, han admitido que este espionaje indiscriminado a las comunicaciones civiles por parte de sus servicios de información es un hecho.

Algunos países prohiben el uso por parte de sus ciudadanos de sistemas de cifrado, con la peregrina excusa de que podría usarlos para ocultar actividades criminales.

No soy un criminal, ni un terrorista, ni me considero peligroso. Pero no quiero que me espíen. Si tengo algún secreto, este ha de permanecer siendo mío.

Tengo derecho a mi intimidad, a mi privacidad.