Psicofonías

(algo así como el blog de Psicobyte)

Borrando mis redes sociales

He decidido abandonar algunas redes sociales, en particular Twitter y Facebook (aunque la verdad es que ya las tenía bastante abandonadas).

Como no tengo muy claro si es definitivo o si querré regresar a ellas en un futuro, ni tampoco estoy seguro de si quiero darles algún otro uso ahora (por ejemplo, creo que voy a utilizarlas para anunciar las actualizaciones del blog), no quería eliminar esas cuentas, pero sí que tenía claro que quería eliminar los contenidos que, durante estos años, he creado para ellas.

Como era de esperar, ni Twitter ni Facebook lo ponen fácil. Aunque ambas permiten borrar entradas una a una, ninguna de las dos plataformas tiene una herramienta propia que permita borrar bloques completos de entradas y, por supuesto, ninguna que permita eliminar todas ellas de una vez.

A pesar de todo, existen herramientas de terceros (la mayoría online) que permiten, más o menos, hacer este trabajo.

Facebook

Para borrar entradas de Facebook existe un plugin que se instala en el navegador Chrome (o Chromium, en mi caso) llamada Social Book Post Manager, que automatiza el proceso que el usuario debería hacer manualmente recorriendo una a una las entradas en el log de actividades de Facebook, haciendo click en ellas y seleccionando "borrar".

Este plugin comete muchos errores, se deja entradas sin eliminar, y hay que usarlo varias veces antes de conseguir borrarlas todas, pero cumple con su trabajo.

Twitter

Para Twitter la cosa está más complicada. No porque haya menos oferta de aplicaciones (que las hay, y muchas) sino porque todas estas aplicaciones (servicios web, fundamentalmente) usan la API de Twitter para obtener los tweets que se borrarán, y eso tiene un par de problemas:

El primero es que debes autorizar a esas aplicaciones (aplicaciones web, recordemos) a acceder a tu cuenta de Twitter, con los problemas de seguridad que eso pueda tener.

El segundo es que la API de Twitter está deliberadamente limitada y sólo retorna los últimos 3000 tweets. Si has publicado menos de 3000 tweets no hay problema, puedes borrarlos todos. pero si tienes más de esos 3000 tweets no podrás borrar el resto (los más antiguos).

Para borrar un tweet mediante la API de Twitter necesitas conocer su ID, que es un identificador único consistente en un número de dieciocho dígitos. Pero para obtener los IDs de los tweets que deseas borrar necesitas solicitar una lista a la API, que sólo te retornará los últimos 3000 tweets publicados. Además, no sirve de nada borrarlos y volver a pedir los siguientes 3000, porque no te los va a dar.

Como yo tenía unos 19000 tweets publicados, esta solución no me servía.

deleteallmytweets

Sin embargo, hay una forma de obtener las IDs de todos tus tweets sin tener que pedirlas a través de la API.

A través de su página, Twitter te da la opción de descargarte un archivo zip con todos tus tweets. y, dentro de ese zip. hay un archivo llamado "tweets.csv" que contiene una lista de todos tus tweets con toda su información, incluído el ID.

Así que he escrito un pequeño programa en python con el incómodo nombre de "deleteallmytweets" que usa la información de ese archivo para borrar todos los tweets de una cuenta.

Está disponible en dos versiones, para python 3 y para python 2, es libre (con licencia GPL) y puedes ver los detalles en su repositorio en Github.

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Ciencia privativa

Ayer tarde dos personas que saben de lo que hablan me estuvieron explicando que hay operaciones de cálculo simbólico que sólo pueden hacerse usando un software -privativo- determinado.

En particular, me mencionaron dos operaciones (que a mí me suenan a chino, claro), aunque imagino que habrá más cosas:

  • Calcular reglas de Feynmann para lagrangianos en teoría cuántica de campos.
  • Cálculos en variedades diferenciables de dimensión arbitraria.

Esto quiere decir que, si alguien en el mundo está realizando algún trabajo de física que requiera del uso de estas operaciones, lo está haciendo con este software. Todos exactamente con el mismo programa.

Pero no sólo eso, sino que, como te decía, este software es además privativo. No puedes auditarlo. No puedes ver cómo funciona. No puedes saber exactamente qué es lo que hace ese software. No puedes confiar en él.

Si hay algo que puedas decir de un programa es que tiene errores. Todo software tiene errores. La cuestión es cuánto puedes tardar en encontrarlos, si puedes encontrarlos. Como todos, el software privativo del que me hablaban estas personas tiene errores. No sabemos cuáles.

Por supuesto, esos errores no tienen por qué estar en esas operaciones concretas que me mencionaban que, seguramente, funcionarán correctamente. Probablemente sean errores menores sin importancia, aunque también es posible que sean errores graves. Lo que es seguro es que los tiene y que, en principio, no podemos verlos, porque no podemos saber qué hace ese programa por dentro.

La pregunta "¿Podemos confiar nuestra ciencia a un software que no sabemos realmente lo que hace?" puede parecer una mera cuestión epistemológica sin relevancia práctica real, pero el caso es que tenemos precedentes:

Hace un par de años se descubrió que el software -privativo- que se usaba para analizar las resonancias magnéticas funcionales del cerebro tenía un error que falseaba sus resultados.

Como ese software era privativo, los científicos que lo estaban usando no podían saber qué estaba haciendo realmente. No podía saber que estaba falseando su trabajo.

Todos los trabajos que han usado ese software son sospechosos de contener errores que pueden incluso invalidarlos completamente.

Según los autores del descubrimiento, quince años de estudios del cerebro están en tela de juicio.

Y todo por un simple error de software. En un software científico privativo. No puedes auditarlo. No puedes ver cómo funciona. No puedes saber exactamente qué es lo que hace ese software. No puedes confiar en él.

¿Podría pasar algo parecido con la física? No es una mera cuestión epistemológica.

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Beyond the Nipple

Beyond the Nipple
Beyond the Nipple

Este es mi trabajo "Beyond the nipple", que ha ganado el concurso de arte que se ha celebrado durante las JASyP.

Pedían obras alusivas a alguno de los temas de las jornadas, y yo me decidí por tratar la censura.

En los últimos tiempos, parece que los casos de censura en redes sociales más mediáticos ha sido los relacionados con las políticas de Facebook en contra de los pezones. Los pezones están prohibidos: Se trata de una regla simple, clara y distinguible, tan efectiva que casi la tenemos internalizada (luego hablaré un poco más sobre esto).

Sin embargo, en Facebook y otras rede sociales se censuran continuamente montones de imágenes (y textos, vídeos y otros tipos de contenidos pero, por la naturaleza de esta obra, me he centrado en las imágenes). A veces, en casos concretos, los propietarios de las redes argumentan las razones de esta censura. Más menudo no lo hacen, o simplemente afirman que contravienen las "normas de uso".

A veces, por el contexto, se puede adivinar si la motivación es de tipo religioso, político u otro. Pero, normalmente, es inútil buscar una explicación. A menudo es incluso contraproducente: Tratar de adivinar una "causa" para esa censura es entrar en su juego, admitir que tienen ese derecho.

Con esta idea en mente planteé esta obra como una alegoría de esta doble realidad. Sobre el fondo de una pantalla en la que se adivina un perfil de Facebook, un pecho femenino muestra su pezón. Sin embargo, si el ojo se aproxima, se puede descubrir que la escena, en realidad, está construida como un mosaico de imágenes más pequeñas (365, concretamente).

Beyond the Nipple (detalle)
Beyond the Nipple (detalle)

Cada una de estas 365 imágenes ha sido censurada en algún momento en alguna red social.

Si esta alegoría no fuese ya lo bastante poco sutil, un texto al lado de la imagen explica el chiste con bastante poco tacto (y con un par de erratas):

Si miramos más allá de las políticas de "Nada de pezones" por las que son conocidas redes sociales como Facebook, Instagram u otros, podemos ver que en todo el mundo se están censurando imágenes, textos y contenidos de todo tipo por motivos políticos, religiosos, raciales, ideológicos, de género o, generalmente, sin alegar justificación alguna.

Esta obra es un mosaico creado a partir de una selección de 365 imágenes que, en algún momento, han sido censuradas en una u otra red social.

Algunas notas sueltas sobre la obra:

La parte más tediosa del trabajo ha sido, sin duda, encontrar las imágenes.

En la medida de lo posible, he buscado comprobar a un nivel razonable que realmente han sido censuradas. Normalmente buscando capturas de pantalla en las que se viese el mensaje de censura de la red en cuestión en cada caso, pero también me he fiado de la prensa cuando he encontrado la imagen a través de una noticia.

La mayor parte de las imágenes que provienen de redes sociales Chinas las he encontrado en la recopilación de Propublica China’s Memory Hole: The Images Erased From Sina Weibo.

Aunque los gobiernos de algunos países dedican recursos a este tipo de censura directa, la mayoría opta por una política de incentivación de la auto-censura: No elimina los contenidos no deseados (o no suele hacerlo), sino que persigue legalmente a sus autores o divulgadores de forma a veces ocasional, a veces más sistemática. Rusia o España son casos paradigmáticos de este tipo de censura "pasiva".

Naturalmente, el número de imágenes censuradas en redes sociales es mucho mayor que la pequeña selección que yo he hecho. La mayoría de ellas son censuradas sin que nadie, salvo la persona que originalmente la puso en la red, se entere. Aún son más las que nunca llegan a ponerse, porque ya sabemos que las quitarán.

Durante la recopilación me encontré con una dificultad añadida: Cuando la prensa habla de alguna de estas imágenes censuradas por las reces sociales, suele mostrar en sus páginas una versión censurada por ellos mismos.

captura de la Vanguardia
captura de la Vanguardia

Esta captura de ejemplo de La Vanguardia se repite sistemáticamente en casi cada publicación. Puede parecer ridículo o inconsistente criticar la censura con imágenes censuradas pero la prensa, hoy día, depende tanto de las redes sociales para su difusión que no puede permitirse el lujo de que sus contenidos no aparezcan e ellas (nota los botones de "compartir" abajo, y que la publicidad encubierta de la derecha ocupa casi más espacio que la foto de la noticia).

Esto genera un segundo problema: Los contenidos censurados con pixels, cuadros negros o lo que sea se difunden tanto que llegan a eclipsar las apariciones de los originales en los buscadores.

Una vez seleccionadas las 365 imágenes que formarían parte del mosaico, las recorté manualmente para que fueran cuadradas. Se podría haber hecho automáticamente, pero no sin deformarlas o sin perder la idea de cada foto (de algunas fotos que tenían tamaños o formas complicadas tuve que sacar varios cuadrados).

Por último, utilicé el programa Metapixel (que es software libre) para construir el mosaico a partir de la fotografía del natural y las imágenes.

El resultado, impreso a un tamaño de 841 X 594 mm (para que pudiesen apreciarse las imágenes del mosaico) aún sigue expuesto en el hall de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Informática y de Telecomunicaciones de la Universidad de Granada.

Beyond the Nipple
Beyond the Nipple, expuesto en el hall de la ETSIIT
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Segundas JASyP

Este viernes comienzan las segundas Jornadas de Anonimato, Seguridad y Privacidad (JASyP).

Durante dos días, estaremos en la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Informática y de Telecomunicación de la Universidad de Granada hablando de hacking, privacidad, seguridad, programación, criptografía, internet, derechos humanos y un montón de cosas más que se pueden ver en el programa.

Además, hay un juego de Capture the flag, un concurso de arte y un Hack and Beers.

Yo voy a estar por allí como asistente y, además, me he buscado un hueco para hablar de qué pueden decirnos sobre los hackers las ciencias sociales.

Nos vemos por allí (la entrada es gratuita).

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Chorizos

Nos hemos repetido tanto eso de "Cualquiera robaría si tuviera oportunidad" o "El comportamiento de nuestros políticos es un reflejo de nuestra cultura" que hemos acabado por creérnoslo. La idea decimonónica de los "tipos nacionales" (Los alemanes son cuadriculados, los ingleses puntuales, los chinos copian) ya era una absoluta chorrada cuando la inventaron. La moral de los gobernantes no es un reflejo confuciano de la moral del pueblo.

Han hecho falta años de propaganda continua y sistemática para que aceptemos esas tonterías.

A un político se le da un poder y una libertad de acción muy por encima de sus conciudadanos y, por tanto, hay que exigirle una intachable moral también por encima de lo que se pide a estos.

Pero decir que "Hacen lo que cualquiera haría" no es una solución (ni una explicación). No sólo es una forma implícita de decir "No se puede evitar", sino que es justificar su actitud y ahondar aún más en la falacia.

Y no, eso no se arregla simplemente quitando a los chorizos y poniendo a gente honrada, porque el problema no es que haya chorizos en el sistema, el problema es que el sistema incentiva a los chorizos dándoles ventaja sobre los que no lo son. No creo que haya soluciones fáciles ni simples. La transparencia y la "accountability", por ejemplo, no son la solución, pero son un buen principio. Hacer pagar al delincuente con la ley es lo mínimo, purgar las instituciones automáticamente de esa ralea es lo que exige la mínima higiene.

El comportamiento inmoral, el que busca el propio beneficio perjudicando a la sociedad, debe ser perseguido por la ley, pero también debe ser socialmente repudiado.

El desprecio social es útil (no subestimes el poder del rechazo de grupo) pero, sobre todo, es educativo: Ayudas a los demás a recordar que eso no "es normal".

La próxima vez que veas a tu político, ese que no es tan chorizo como el del otro partido porque lo suyo sí que es grave, recuerda escupirle a la cara.

Y, sobre todo, aunque sea verdad que tú robarías si tuvieras la oportunidad, no lo digas. Mejor guárdatelo para ti. Esas cosas deberían producir vergüenza.

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