Psicofonías

(algo así como el blog de Psicobyte)

Los tres marinos

Era una mesa en una taberna en un puerto, cerca del lugar que luego se llamaría Constantinopla.

El viento y la lluvia habían golpeado el bósforo todo el día, barcos de todas partes se habían refugiado en el puerto, y marinos de todos los países se habían refugiado en la taberna.

A veces, en ciertos lugares, cuando el atardecer cae, en el límite entre el día y la noche, en la frontera entre dos mares, es tiempo propicio para que mundos distintos se encuentren.

Quizás fue por eso por lo que, en aquella mesa en una taberna en un puerto, cerca del lugar que luego se llamaría Constantinopla, se encontraron los tres hombres.

Los tres eran marinos que habían explorado tierras desconocidas, habían conocido gentes extrañas, y se habían enfrentado a maravillas indescriptibles. Los tres, también, se hallaban lejos de sus hogares, sus amigos, sus familias.

Hablaron largamente esa noche; y bebieron, y rieron y brindaron, y lloraron.

Y a la mañana siguiente se abrazaron, se besaron, se despidieron, y partieron; sabiendo que jamás volverían a verse.

Y, mientras sus respectivas naves cortaban las olas en busca de tierras desconocidas, gentes extrañas y maravillas indescriptibles, cada uno de ellos meditaba sobre el encuentro de esa noche.

El primero de ellos, mientras sus compañeros recogían los remos y extendían las velas, musitaba para sí mismo: "En cierto modo, creo que todos los hombres somos, en realidad, el mismo hombre; y que todos los viajes son también el mismo viaje".

Otro le dijo a su timonel y confidente: "Esta noche, hablando con esos dos desconocidos, he aprendido más de mí mismo que durante todos mis viajes".

El tercero habló al mar y al viento, en pié a la proa de su barco: "El hombre que ha mirado a los ojos de otro y se ha visto a sí mismo, ha llegado más allá de lo podría navegar hasta borde del mundo".

Sus historias no lo cuentan, pero ese fue el día en que Jasón, Simbad y Ulises decidieron que era hora de regresar a casa.

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Comentarios:
# [6 de Febrero de 2009 a las 10:45] NaaN
Precioso.
# [6 de Febrero de 2009 a las 11:37] Fer
Precioso
# [6 de Febrero de 2009 a las 12:36] Mabus
¿Pero...realmente encontraron lo que buscaban en sus viajes, aventuras y desventuras?. Yo ya no espero a ninguna Penélope y continúo, ya muy cansado, tras el Vellocino de Oro.
# [6 de Febrero de 2009 a las 12:56] Mabus
Quizás es muy, pero que muy triste reconocerlo, hasta doloroso: fueron más de mil y una noches en vela y tampoco ella me espera a mí.
# [6 de Febrero de 2009 a las 15:16] Carlos Luna
Precioso.
# [6 de Febrero de 2009 a las 17:28] Mabus
Tras múltiples periplos y peripecias,"Veía yo...como un relámpago". Precioso.
# [6 de Febrero de 2009 a las 17:49] :-(
fe de erratas: "...como un rayo".

:-(
# [6 de Febrero de 2009 a las 19:50] Nualak
Me ha gustado mucho :-)
# [7 de Febrero de 2009 a las 01:52] San Tanás
Me gusta bastante cuando escribes así
# [7 de Febrero de 2009 a las 09:54] Senior citizen
...Y entonces fue cuando sus respectivas esposas dijeron: Pues mira, hombre, ahora va a ser que no.

En serio, que da gusto leerte estas cosas.
# [7 de Febrero de 2009 a las 20:13] Desafecto
Precioso
# [12 de Junio de 2009 a las 03:53] chat
Quizás es muy, pero que muy triste reconocerlo, hasta doloroso: fueron más de mil y una noches en vela y tampoco ella me espera a mí.
# [17 de Marzo de 2011 a las 15:22] Mendosus versus...
Analia, podría superar al mismísimo Virgilio si tuviera tiempo. Pero, Analia, cuando leas esto ya me habré ido hace mucho tiempo de la ciudad. Realmente sólo se vive una vez, así que aprovecha tu tiempo y cumple tus deseos. Bonito número.
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