Te presento a Pixelnegro y Pixelrojo:
Pixelnegro y Pixelrojo son dos píxeles (en la imagen están ampliados 100 veces) que viven en un mudo de píxeles.
Pixelnegro cree que los píxeles negros son intrínsecamente superiores a los píxeles rojos, y que son los más preparados para gobernar su mundo de píxeles.
Pixelrojo, por otro lado, opina que los píxeles rojos y negros, pese a sus evidentes diferencias, deben ser tratados como iguales en dignidad y derechos.
Por supuesto, ninguno de los dos duda ni por un momento que existan "razas" de píxeles, incluso a pesar de que les costaría añadir alguna diferencia a la del color rojo/negro: Sus esqueletos, sus órganos o su sangre son iguales.
Ahora, te presento el mundo donde viven Pixelnegro y Pixelrojo:
Es una distribución que da lugar a preguntas y excita la curiosidad. Investigar sus causas podría ayudarnos a entender a los píxeles y su mundo, y científicos píxeles lo han investigado desde siglos ¿Se debe a una adaptación climática? ¿Quizás tenga que ver la proximidad del título de este post? ¿O es el enlace a "comentarios"? Nosotros, por ahora, no nos adentraremos más en este tema.
El caso es que, vista esta distribución, los racistas del mundo de los píxeles tienen el mismo problema que los racistas humanos: No se ponen de acuerdo en cuántas razas hay. Algunos dividen horizontalmente el mundo por la mitad y dicen que hay dos razas (negros y rojos), otros hacen tres apartados, otros elevan a cincuenta el número de razas.
Alguno incluso ha estipulado que existen hasta 256 razas (una por fila), pero una división como esta en un mundo con una población de sólo 65536 píxeles, hace que el concepto de "raza" como elemento categorial pierda bastante sentido.
Pero los expertos pixeles saben desde hace ya mucho tiempo que los píxeles no se distinguen sólo por su rojez, si no que hay otro rasgo, el "verdor", que no es tan evidente a los ojos de un píxel.
Cuando los sabios píxeles descubrieron el verdor, supusieron que sería distinto entre las razas de píxeles. Si los píxeles son "evidentemente" distintos por fuera, también lo serán por dentro ¿no?.
Pero, cuando investigaron e hicieron un "mapa" con la distribución del "verdor," descubrieron esto:
Como antes, es una distribución demasiado simple para resultar realista.
De nuevo se trata también de una gradación que sugiere muchas preguntas y respuestas. Un famoso científico píxel, copiando una idea que entre los humanos resultó muy útil, ha usado esta distribución para trazar un mapa de migraciones de píxeles en el pasado. Quizás tenga razón.
Pero otra vez la cosa se le complica a los racistas del mundo píxel. Los píxeles no pueden ver el "verdor" pero, si lo vieran, el resultado combinado con la rojez sería parecido a este:
Pero la cosa no termina aquí.
Porque, al investigar el genoma píxel y cómo se distribuyen sus variaciones en la población, los píxeles han descubierto que hay un componente azul que varía drasticamente de un individuo a otro, independientemente de la población a la que pertenezca. Si con la "rojez" y el "verdor" podías saber, al menos, que un píxel tenía un color más parecido al de sus vecinos que al de píxeles mas lejanos, este nuevo componente no te permite ni siquiera eso:
Esta vez no hay ya gradación ni nada parecido, y no es posible asignar este componente a una población o zona geográfica ni siquiera forzando un poco las cosas.
Si agregamos este nuevo dato a nuestro "mapa génico", nos sale esto:
Visto todo esto, los científicos del mundo píxel han acabado por abandonar el concepto de raza. Después de todo, no solo no les aporta nada, si no que nada mas que sirve para confundir las cosas.
Por otro lado, no te lo creerás, pero sigue habiendo píxeles racistas.
James Dewey Watson y Francis Harry Compton Crick (Junto con Maurice Wilkins) se llevaron a casa el premio Nobel de de Medicina y Fisiología, lo que parecía el satisfactorio premio final a un trabajo meritorio.
Porque cuando, el 25 de abril de 1953, la revista Nature publicó un artículo firmado por Watson y Crick con el ampuloso título "Molecular structure of nucleic acids; a structure for deoxyribose nucleic acid", toda la comunidad de estudiosos de la bioquímica supo sin dudarlo que Watson y Crick acababan de ganar la carrera por el Nobel.
El artículo, breve y escrito a toda prisa, terminaba con la frase:
It has no escaped our notice that the specific pair we have postulated immediately suggests a possible copying mechanism for the genetic material.
Que, en español, viene a ser más o menos:
No se nos escapa que el mecanismo de emparejamiento propuesto inmediatamente sugiere un posible mecanismo de copia del material genético.
Tenían todo el derecho a sentirse orgullosos cuando, poco antes de la publicación, Crick decía en el pub Eagle de Cambridge que habían descubierto el secreto de la vida.
Aun quedaba mucho por recorrer, pero con ese breve articulo se inauguraba la "era de la genética". Y, ciertamente, el descubrimiento merecía el premio Nobel.
Quiero decir con todo esto que Watson tiene un Nobel, y lo merece.
Cuando Watson publicó su libro "La doble hélice" la agitación en el mundo académico fue totalmente distinta. Mas de uno se echó las manos a la cabeza escandalizado.
Watson concibió ese libro como una biografía, en la que hablaba de la época en la que llevaron a cabo su descubrimiento. Lo "escandaloso" fué que era demasiado sincero.
Porque lo que contaba el libro de Watson se alejaba mucho de la clásica investigación aséptica de honorables sabios completamente ecuánimes arrebatados por el luminoso espíritu de la ciencia. Watson mostraba a científicos humanos con debilidades humanas, con su cuota de estupidez, prejuicios, egoísmo y miserias. En la ruta al Nobel hubo engaños, errores, ocultación, traiciones, zancadillas, algo de "espionaje casero" y, alguna vez, estuvieron a punto de llegar a las manos...
En definitiva: Mostró que no eran ni tan honorables, ni tan sabios, ni tan ecuánimes. Con su libro, Watson rompió una especie de regla no escrita, al estilo de "los trapos sucios se lavan en casa". Hoy día, esta forma de escribir sobre ciencia (o más bién sobre científicos) se ha vuelto algo más normal pero, en su momento, le resultó bastante incómoda a mas de uno.
Y, ahora, Watson agita otra vez las aguas...
No vale hacerse de nuevas ahora, porque ya conocemos a Watson. No es la primera vez que lanza afirmaciones en la misma línea, en plan racista, sexista u homófobo. Lo que pasa es que, normalmente, las dice en ambientes más académicos en los que, cuando todo un premio Nobel dice alguna tontería, la gente tiende a toser y mirase las puntas de los pies en lugar de mandarle a tomar viento.
Pese a que se confiesa más cercano al los Demócratas norteamiericanos que a los Republicanos, Cualquiera que haya leído alguno de sus numerosos libros y conferencias, o haya escuchado alguna de sus "políticamente incorrectas" declaraciones anteriores sabrá que Watson es un tipo, por decirlo de una forma suave, idelógicamente conservador.
Pero simplemente viene a demostrar lo mismo que ya enseñó en La Doble Hélice: Que un científico (por muy premio Nobel que sea) puede tener tantos prejuicios como cualquiera.
Watson probablemente no es más racista que la mayoría. Conozco personalmente a muchas personas que son tanto o más racistas que lo que se deduce de las palabras de Watson. Si le damos importancia a las tonterías que dice cuando dice tonterías, la culpa es nuestra, no suya.
Y no te engañes. Aunque Watson abandonó en gran medida la "investigación pura" para dedicarse a tareas de tipo más político y administrativo (alguien tiene que dirigir los laboratorios y conseguir las subvenciones), no es ningún estúpido. Sigue siendo una mente brillante.
Bien mirado, vuelve a darnos la misma lección que en "La doble hélice": Watson es humano con debilidades humanas, con su cuota de estupidez, prejuicios, egoísmo y miserias.
Verás, las cosas en ciencia no son más ciertas porque las diga un tipo más importante. En ciencia hacen falta datos y pruebas, que es lo que Watson no tiene. De hecho, Watson nunca ha trabajado en la heredabilidad de la inteligencia ni en su origen genético ni en nada similar. En ese caso no tiene mucha mas información de la que puedas tener tú si te documentas un poco.
Hoy en día, cuando cualquier definición de "Inteligencia" se coge con pinzas (Ver, por ejemplo "La falsa medida del hombre", de S. J. Gould), cuando el determinismo genético está de capa caída ("No está en los genes. Racismo, genética e ideología" de R.C. Lewontin, S. Rose y L.J. Kamin) y cuando el propio concepto de "Raza" se ha demostrado simplemente absurdo e inútil ("Genes, pueblos y lenguas" de Luggi Luca Cavalli Sforza), la afirmación de Watson de que existen diferencias genéticas entre la inteligencia de las razas se desmorona por cada una de sus palabras.
Y, insisto, las declaraciones de Watson tendrían toda la validez científica si se basaran en experimentos, estudios, investigaciones científicas reales. Podría ser que todo de lo que habla Waston fuese cierto (Aunque es improbable por varias razones, no hay ninguna ley de la naturaleza que lo prohíba) y tendríamos que aprender a vivir con ello sin discriminar a la gente a pesar de todo. Pero eso será cuando pueda demostrarlo. Hasta entonces, esas declaraciones están al mismo nivel de lo que cualquiera de nosotros puede hablar con tus amigotes en un bar.
La verdadera metedura de pata de Watson es política.
Se podrá tachar a Watson de muchas cosas, pero no es ningún novato. Ya se ha templado en muchas batallas, y sabe cómo funcionan la prensa y la relaciones públicas.
Pese a que la prensa ha exagerado mucho el alcance de sus palabras, las declaraciones de Watson son, cuando menos, equívocas. Y algunos de sus argumentos, como lo de "quienes tratan con empleados negros..." además de no tener ningún sentido desde un punto de vista científico, exhalan un tufo decimonónico que no se olía desde los tiempos de Agassiz.
Cuando un científico emite juicios de ese tipo debe tener en cuenta que hay mucha gente escuchando, y que siempre acabará por salir algún racista usándolo como coartada "Waston lo dijo, y es un premio Nobel".
Y sí, quizás esté tratando de armar alboroto para subir las ventas de su nuevo libro, pero eso no es excusa.
La Federación de Científicos Americanos ha mostrado su tajante rechazo diciendo, entre otras cosas, que:
The scientific enterprise is based on the promotion and proof of new ideas through evidence, however controversial, but Dr. Watson chose to use his unique stature to promote personal prejudices that are racist, vicious and unsupported by science.
Traducido, más o menos:
La actividad científica está basada en la promoción y demostración de nuevas ideas por medio de la evidencia, aunque sean controvertidas, pero el Dr. Watson eligió usar su gran estatura para promover prejuicios personales racistas, viciosos y sin fundamento científico.
Han cancelado sus conferencias en Inglaterra y ha tenido que disculparse en la mismísima Royal Society.
Lo han suspendido de su cargo como rector en el Cold Spring Harbor Laboratory, de donde se ha acabado viendo obligado a dimitir.
La misma revista Nature que lo catapultó a la gloria ha titulado como "La locura de Watson" su editorial de este mes.
Personalmente, creo que sus declaraciones fueron equivocadas, acientíficas y racistas. Pero creo también que la reacción también ha sido excesiva.
Se trata de James D. Watson: En 1953, utilizando recortes de cartulina, descubrió el secreto de la vida. Con 79 años, su carrera merece un final más digno.
Es humano. Con debilidades humanas, con su cuota de estupidez, prejuicios, egoísmo y miserias. Como todos.
Pero eso no sería nada malo (salvo para él) si los demás lo entendiésemos y no adjudicásemos a sus palabras más valor del que tienen.
Es triste acabar así.
Si para suprimir del mundo esta opinión y doctrina bastase con cerrar la boca a uno solo [...] eso sería facilísimo el hacerlo. Pero las cosas son de muy distinta forma, porque para llevar a cabo una tal decisión sería necesario prohibir no solo el libro de Copérnico y los escritos de sus seguidores, sino que sería necesario prohibir toda la ciencia de la astronomía e incluso más, prohibir a los hombres mirar al cielo [...].
Galileo Galilei - Carta a la señora Cristina Lorena, Gran Duquesa de Toscana (de la traducción de Moisés González García)
Querida Compañera, hermana en el río de las generaciones:
Te hablo de ser vivo a ser vivo, de hembra a hembra, de potencial madre a potencial madre.
Porque soy tu hermana y comparto contigo el divino poder de, quizás, dar vida a una nueva generación de mi raza.
Te lamentas de mi zumbido en la noche, que te hace abrir tus ojos somnolientos. ¡Que más quisiera yo que ser silenciosa como un fantasma! Bien sabe el dios de la caza que de mi silencio depende mi vida, y que soy la principal interesada en no turbar tu sueño.
Como tú misma dices, las paredes de tu habitación, puntuadas con los cuerpos vacíos de vida de aquellas que fallaron, me recuerdan terroríficamente que no hay oportunidad tras el fracaso.
Entiendo tu ira contra mí y las mías. Entiendo tu frustración al descubrir sobre tu piel, cada mañana, las molestas marcas rojas de nuestro robo nocturno. Entiendo tu indignación ¿Acaso no es tuya tu propia sangre?
Pero ahora, te suplico, entiéndeme:
Pasé la mayor parte de mi vida como una pequeña e indefensa larva en una escondida charca. No fue fácil, te lo aseguro. Mi pequeño mundo estaba poblado por multitud de peligros y monstruos cuyo recuerdo aún me provoca escalofríos. De mis cientos de hermanos, que nacieron junto a mi, sólo logramos sobrevivir apenas una docena. Y fuimos afortunados. Muchas familias nunca llegaron a conocer la vida en el aire.
Yo sobreviví y crecí y pude ver el día en que salía del agua, hermosa, esplendorosa, con mis virginales alas aún encogidas y temblorosas.
Y le conocí a él.
Y le amé.
¿Quién no le habría amado? Sus ojos compuestos brillaban con amor al mirarme, las oscuras venas de sus alas desplegadas contrastaban arrebatadoramente con los reflejos del sol sobre su membrana, sus halterios vibraban poderosamente, haciendo pulsar todo mi cuerpo a su ritmo. Danzaba ante mí, suspendido en el aire, como un ángel venido para rescatarme de mi gris vida en mi charca.
Me dio su bien más preciado y mi tesoro más deseado: La oportunidad de ser madre.
Poco después se marchó. No hubo despedidas ni lágrimas. Ambos sabíamos que su vida tocaba a su fin y que no había nada que los pobres mortales podamos hacer para evitarlo. No me engaño. Soy consciente de que no fui la primera en su vida, ni sería la última. Pero le amé y ahora llevo nuestros hijos en mi interior.
Tener esos hijos. Buscar una charca donde dejarlos reposar y tener esperanzas en el futuro. Ese es mi objetivo en esta vida, mi prueba de amor, mi apuesta por el futuro. Eso es lo único que me mantiene viva.
Y aquí, querida amiga, es donde me temo que entras tú.
No lo haría si no fuese necesario. Mi alimento preferido es el dulce néctar de las flores y, sinceramente, no comería otra cosa por nada del mundo.
Pero, y esta es la tragedia que nos une, mis hijos necesitan tu sangre.
Apenas una gota para ti, pero la diferencia entre la plenitud de la vida y una muerte antes incluso de nacer para ellos.
No habrá verano para ellos, no verán el sol ni saborearán las dulces aguas de ninguna charca tranquila, si no tomo un poco de tu sangre. Sin el rojo y cálido néctar de tus venas mis hijos nunca nacerán.
¿Lo comprendes? Son mis hijos. Daría mi vida por ellos. Mataría por ellos. Te mataría a ti y a cualquiera si fuese necesario. Pero, afortunadamente, no es necesario.
La única cosa que necesito, lo único que te pido, es una gota de tu sangre. No es por mí. Es por mis hijos.
Por eso no puede haber pacto entre nosotras. Por eso no puedo dejarte.
Para ti, esa gota de sangre puede significar molestias e incomodidades. Pero para mí es toda la esperanza en el futuro.
Si eso significa la guerra entre nosotras, así sea.
No me queda mucho tiempo de vida. Sin maldad, sin furia, esta noche entraré en tu habitación mientras duermes e intentaré robarte esa gota de sangre. Quizás me descubras y acabes con mi vida. Quizás pase a ser otra de esas marcas en tu pared. No te odiaré por ello.
Pero tengo que hacerlo. Por mí misma, por él, por mis hijos, por el futuro.
Somos enemigas, pero yo tengo mucho más que perder que tú. No me odies por ello.
Se despide de ti, con sincero cariño, tu hermana la Mosquito.
Al atardecer, iluminados por la luz del ocaso y tomados de la mano, una pareja de amantes pasea por el parque. Aunque sea incoherente con la hora, asumiremos que cantan los pajaritos y revolotean las mariposas, por dar un poco de atmósfera al asunto.
Se aman en ese instante con perfección poética, sin pensar en el mañana, como si su amor fuese a ser eterno (¿hay otra forma?). Pero, en ocasiones (la mente humana es inquisitiva) se preguntan cuánto durará su amor.
Nada es eterno y, como muy tarde, la cosa acabará cuando "la muerte los separe".
¿Sería posible predecir, con algún tipo de seguridad, cuanto tiempo le queda a ese amor?
Teniendo en cuenta que la pareja del primer párrafo es inventada y, por tanto, me da igual cómo vaya su relación, plantearemos esto de un modo más personal:
¿Cuanto durará mi relación con Li?
Conozco cuánto hace que empezó esta relación, pero no se cuando terminará.
Seguramente podría buscar por ahí estadísticas de duración de parejas para, en base a ellas, hacer una estimación. Pero vamos a usar otro método más interesante.
El cuadro de la imagen de arriba representa la duración de mi relación con Li.
En el extremo izquierdo el punto "0" indica el origen y a la derecha está el final, que no sé cuándo llegará (y por eso tiene unos interrogantes). El tiempo transcurrido entre esos dos momentos es el tiempo que durará nuestra relación. Besos, peleas, paseos, alegrías y tristezas resumidos en un miserable rectángulo verde. Insisto en que no sabemos cuánto tiempo es en realidad (ni cuantos besos, peleas, paseos, alegrías o tristezas hay ahí), pero es trivial decir que, sea cual sea, ese es el 100% de nuestra duración como pareja.
Hoy es un día cualquiera. Hace tres años y cuatro meses que Li y yo empezamos con esto y aún no hemos terminado, por lo que hoy (como ayer, o como hace un mes) es un día como otro cualquiera de los contenidos en ese rectángulo verde. No podemos decir si está al principio, al final, o en qué parte del rectángulo (puede estar en cualquiera), pero está ahí, con el resto de nuestros días de pareja.
Si yo dividiera el rectángulo en cien segmentos iguales el día de hoy tendría, lógicamente, una posibilidad entre cien (1%) de encontrarse en cada uno de ellos en concreto.
Ahora, en el siguiente dibujo, he hecho algunos trocitos en nuestro recuadro. He marcado en rojo pequeños sectores al principio y al final. Concretamente, un 2.5% al principio y un 2.5% al final. He dejado en verde el tramo central (un 95% del total).
Ahora bien ¿En cuál de esos tres tramos se encuentra el día de hoy?
Dado que, como hemos visto antes, tiene las mismas probabilidades de estar en cualquier punto del rectángulo, lógicamente tendrá un 2.5% de posibilidades de estar al principio (el área roja de la izquierda), otras tantas de estar al final (el área roja de la derecha), y un 95% de estar en la zona central (la zona verde).
De modo que puedo decir, con una seguridad del 95%, que en este momento nos encontramos en ese tramo central de nuestra relación.
Evidente.
¿Qué puedo sacar de eso?
Si nos encontrásemos justo al principio del tramo central, eso querría decir que habría transcurrido el 2.5% desde el comienzo, y aún tendríamos por delante un buen 97.5%.
En este caso, si dividimos la fracción de tiempo que nos queda por la que ya ha transcurrido, obtenemos que lo que quedaría por delante es igual a 39 veces el tiempo que ya ha pasado:
97.5 / 2.5 = 39
Pero, si nos encontrásemos justo al final del tramo central, habría pasado ya el 97.5% del tiempo total, y solo nos quedaría el 2.5%.
Haciendo la misma división (tiempo que nos queda partido tiempo transcurrido) obtenemos que la esperanza de nuestro amor se reduce a 1/39 de lo que ya ha durado.
2.5 / 97.5 = 1/39
Como el día de hoy tiene que estar (con un 95% de probabilidades) entre esos dos puntos, tengo una seguridad del 95% de que a mi relación con Li aún le quede entre 1/39 y 39 veces el tiempo transcurrido hasta ahora.
Como llevo con Li 3.3 años, eso significa que:
3.3 / 39 = 0.085 (30.88 días)
3.3 * 39 = 128.7
Tengo un 95% de posibilidades de que nuestra pareja termine en algún momento entre 30.88 días y 128.7 años a partir de ahora.
Pudiera ser que Li me abandonase esta misma tarde o que nuestro amor lo soportase todo, y continuásemos así los próximos 130 años. En ambos casos mi predicción fallaría.
Pero sólo hay unas probabilidades del 5% de que eso ocurra.
Lógicamente, no espero vivir 130 años. Pero ten en cuenta que en todo este razonamiento NO he introducido ninguna suposición sobre esperanzas de vida ni similares. Podrías aplicarlo a especies alienígenas de las que no supieras su lapso de vida. El resultado es correcto independientemente de esa información. Ese 95% sigue siendo cierto.
El único dato necesario es el tiempo que ha transcurrido hasta el momento de hacer el cálculo, y las dos únicas condiciones son que el periodo a calcular sea finito (que realmente acabe alguna vez) y que el momento del cálculo sea "un día cualquiera". Lo de "Un día cualquiera" quiere decir que debe ser independiente del momento de inicio o la duración.
Un buen momento para hacer el cálculo sería precisamente ahora: El que estés leyendo esto no está (en principio) relacionado con tu vida en pareja, por lo que es un buen "punto cualquiera" de esta.
La horquilla (de 30.88 días a 128.7 años) puede parecer muy amplia, pero me asegura un 95%. Si aplicas el mismo argumento bajando ese porcentaje, tendrás una horquilla más estrecha.
Por ejemplo: Tengo un 50% de posibilidades de que a esta relación le queden entre uno y nueve años.
Nota que este método no es sólo aplicable a la duración de las parejas: Cualquier periodo que cumpla las condiciones que te digo arriba se puede calcular por este medio.