Psicofonías

(algo así como el blog de Psicobyte)

Testículos, avispas, un informe y la película

El hilo conductor de este post es especialmente tenue y, la verdad, algo traído por los pelos. Pero, si me sigues hasta el final, verás que el título está plenamente justificado.

Los Testículos

Aludir con su nombre a aspectos sexuales (tanto fisiológicos como conductuales o sociales) del ser humano se suele considerar, cuando menos, de mal gusto. A menudo, incluso, como algo escandaloso.

Por otro lado, cierta herencia (probablemente machista) del lenguaje hace identificar algunas cualidades morales con características sexuales.

Así es por ejemplo el caso del valor y los testículos: "Tener cojones" es sinónimo de "Ser valiente".

Pero, como ya te he comentado arriba, la alusión directa a los testículos no se considera de buén gusto. De modo que tirando un poco de metáfora, "Tener huevos" puede servir para aludir a lo mismo.

Cabe notar que, para encontrar el parecido entre un huevo y un testículo, hace falta cierta imaginación. Pero la imaginación humana parece ser ilimitada para estas cosas, y todo el mundo suele captar sin problemas que, en la frase anterior, un huevo vale por un téstículo.

Precisamente porque todo el mundo lo entiende, la alusión a los huevos también se considera de mal tono, nada adecuada para, por ejemplo, una cena en casa del embajador.

De modo que se recurre a metáforas más desusadas y neutras, como la de "Tener agallas".

La mayoría de los peces usan para respirar unos órganos que no remedan, ni lejanamente, la apariencia de un testículo. Son esos órganos a los que comunmente llamamos "agallas".

Por otro lado, no se puede decir que los peces sean especialmente conocidos por su valor, ni que el hecho de tener bránquias aporte una imagen de valentía a nadie.

Agalla de roble

Pero es que exiten otras "agallas" que no tenen nada que ver con órganos respiratorios.

Ciertos árboles presentan, a veces, unas excrecencias de forma redondeada en sus ramas o, mas a menudo, en el envés de sus hojas, a las que también se conoce como "agallas".

Una mente lo suficientemente imaginativa para asociar un testículo con un huevo tampoco debería tener problemas para verle la similitud con estas "agallas". Especialmente con las más frecuentes, que son las del roble, y que puedes ver en la imagen de la izquierda.

Con lo que volvemos al tema original: "agallas" es sinónimo de "cojones", pero evitando, como te decía al principio, el escándalo de hablar de los órganos sexuales con su nombre.


Las avispas

Pero, volviendo a los árboles. ¿Qué son las dichosas agallas?

Pueden deberse a infecciones de hongos, bacterias u otros microorganismos, pero la principal causante es una familia de insectos, que reciben el poco poético pero descriptivo nombre de "avispas formadoras de agallas" (Técnicamente, son la familia Cynipidae).

Se trata de unas pequeñas avispas, cada una de cuyas especies está especializada en parasitar una planta concreta. Eligen para ello zonas en crecimiento, como brotes, hojas, etc, donde haya células en fase de división. Clavan allí su ovopositor y depositan uno o más huevos en el interior de los tejidos de la planta.

Ciertos compuestos presentes en el huevo o producidos por la larva estimulan, no se sabe muy bién cómo, el crecimiento del tejido circundante, lo que crea una hinchazón en este (la agalla en sí).

La agalla sirve entonces de refugio y alimento a la larva, que pude crecer y engordar cómodamente a salvo de los peligros del exterior.

Existe un montón de especies de estas avispas parásitas, y su estudio tiene, además del natural interes científico, un gran valor comercial: Muchos cultivos tienen su propia avispa parásita, y es conveniente saber cómo combatirlas. Además, de algunas de estas agallas se extraen compuestos químicos de interés farmacológico e industrial.

El informe

Alfred Kinsey

Durante la primera mitad del siglo XX el profesor Alfred Kinsey, de Harvard, se dedicaba al noble, necesario, quizás interesante, pero poco reconocido campo de la taxonomía. Concretamente de la misma familia Cynipidae que te he comentado.

Los taxónomos son gente bastante peculiar: Si no tienes una especie de obsesión por recopilar montones de ejemplos de una misma cosa, no eliges esta profesión.

Y Kinsey tenía esa manía.

Recorrió Estados Unidos recopilando, clasificando y describiendo miles de ejemplares de unas avispas que suelen medir menos de un milímetro, y creó la mayor colección de estos insectos.

Un trabajo de chinos, oye. Pero no es uno de esos trabajos que te llevan a la fama mundial.

Pero un día la vida de Kinsey iba a cambiar drásticamente.

La universidad de Harvard quería impartir una especie de curso de "Introducción al Matrimonio", para parejas que estaban a punto de casarse. Básicamente querían explicarle a los estudiantes todo el asunto ese de "de donde vienen los niños" que se supone que ya debían haberles contado sus padres. No era una tarea demasiado interesante ni agradable, y le encomendaron el trabajo a él.

Cuando Kinsey comenzó a dar esas clases, se dió cuenta de varias cosas:

La primera de ellas era que los estudiantes sabían bastante poco al respecto.

La segunda, que él mismo tampoco sabía demasiado.

Y, la tercera fué que no había estudios ni investuigaciones serias disponibles: Simplemente, nadie sabía realmente dar respuesta a las preguntas que le hacían sus alumnos.

Y como Kinsey era un taxónomo con mentalidad de taxónomo, hizo lo que habría hecho cualquier taxónomo: Recopilar montones de ejemplos de una misma cosa. En este caso, la vida sexual de la gente.

Una investigación sobre las respuestas a una serie de cuestionarios de unos 5.000 individuos acabó conformando, en 1947, un informe de 840 páginas titulado "Sexual behavior in the Human Male" Más conocido hoy día como el "informe Kinsey".

El Informe hablaba sin tapujos y sin hacer juicios de valor sobre la sexualidad, y molestó, enfadó y escandalizó a gante de diverso tipo a todo lo largo del país. Porque, ya sabes, hablar abiertamente de cuestiones sexuales se suele considerar, a menudo, como algo escandaloso.


La película

El director de cine Bill Condon ha rodado una película sobre la vida de nuestro entomólogo protagonizada por Liam Neeson (Que, por cierto, no se parece en nada al personaje). No sé si saldrán las avispas, pero seguro que se hablará mucho de sexo.

La película ha sido rodada fuera de los circuitos de Hollywood (como no podía ser de otro modo) y ya ha escandalizado a muchos en su país de origen.

Y, es que, como te decía al principio:

Aludir con su nombre a aspectos sexuales (tanto fisiológicos como conductuales o sociales) del ser humano se suele considerar, cuando menos, de mal gusto. A menudo, incluso, como algo escandaloso.

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