Psicofonías

(algo así como el blog de Psicobyte)

Carta de una madre mosquito

Esta carta será totalmente incomprensible si no lees antes este post de Maiko, al que responde.

Querida Compañera, hermana en el río de las generaciones:

Te hablo de ser vivo a ser vivo, de hembra a hembra, de potencial madre a potencial madre.

Porque soy tu hermana y comparto contigo el divino poder de, quizás, dar vida a una nueva generación de mi raza.

Te lamentas de mi zumbido en la noche, que te hace abrir tus ojos somnolientos. ¡Que más quisiera yo que ser silenciosa como un fantasma! Bien sabe el dios de la caza que de mi silencio depende mi vida, y que soy la principal interesada en no turbar tu sueño.

Como tú misma dices, las paredes de tu habitación, puntuadas con los cuerpos vacíos de vida de aquellas que fallaron, me recuerdan terroríficamente que no hay oportunidad tras el fracaso.

Entiendo tu ira contra mí y las mías. Entiendo tu frustración al descubrir sobre tu piel, cada mañana, las molestas marcas rojas de nuestro robo nocturno. Entiendo tu indignación ¿Acaso no es tuya tu propia sangre?

Pero ahora, te suplico, entiéndeme:

Pasé la mayor parte de mi vida como una pequeña e indefensa larva en una escondida charca. No fue fácil, te lo aseguro. Mi pequeño mundo estaba poblado por multitud de peligros y monstruos cuyo recuerdo aún me provoca escalofríos. De mis cientos de hermanos, que nacieron junto a mi, sólo logramos sobrevivir apenas una docena. Y fuimos afortunados. Muchas familias nunca llegaron a conocer la vida en el aire.

Yo sobreviví y crecí y pude ver el día en que salía del agua, hermosa, esplendorosa, con mis virginales alas aún encogidas y temblorosas.

Y le conocí a él.

Y le amé.

¿Quién no le habría amado? Sus ojos compuestos brillaban con amor al mirarme, las oscuras venas de sus alas desplegadas contrastaban arrebatadoramente con los reflejos del sol sobre su membrana, sus halterios vibraban poderosamente, haciendo pulsar todo mi cuerpo a su ritmo. Danzaba ante mí, suspendido en el aire, como un ángel venido para rescatarme de mi gris vida en mi charca.

Me dio su bien más preciado y mi tesoro más deseado: La oportunidad de ser madre.

Poco después se marchó. No hubo despedidas ni lágrimas. Ambos sabíamos que su vida tocaba a su fin y que no había nada que los pobres mortales podamos hacer para evitarlo. No me engaño. Soy consciente de que no fui la primera en su vida, ni sería la última. Pero le amé y ahora llevo nuestros hijos en mi interior.

Tener esos hijos. Buscar una charca donde dejarlos reposar y tener esperanzas en el futuro. Ese es mi objetivo en esta vida, mi prueba de amor, mi apuesta por el futuro. Eso es lo único que me mantiene viva.

Y aquí, querida amiga, es donde me temo que entras tú.

No lo haría si no fuese necesario. Mi alimento preferido es el dulce néctar de las flores y, sinceramente, no comería otra cosa por nada del mundo.

Pero, y esta es la tragedia que nos une, mis hijos necesitan tu sangre.

Apenas una gota para ti, pero la diferencia entre la plenitud de la vida y una muerte antes incluso de nacer para ellos.

No habrá verano para ellos, no verán el sol ni saborearán las dulces aguas de ninguna charca tranquila, si no tomo un poco de tu sangre. Sin el rojo y cálido néctar de tus venas mis hijos nunca nacerán.

¿Lo comprendes? Son mis hijos. Daría mi vida por ellos. Mataría por ellos. Te mataría a ti y a cualquiera si fuese necesario. Pero, afortunadamente, no es necesario.

La única cosa que necesito, lo único que te pido, es una gota de tu sangre. No es por mí. Es por mis hijos.

Por eso no puede haber pacto entre nosotras. Por eso no puedo dejarte.

Para ti, esa gota de sangre puede significar molestias e incomodidades. Pero para mí es toda la esperanza en el futuro.

Si eso significa la guerra entre nosotras, así sea.

No me queda mucho tiempo de vida. Sin maldad, sin furia, esta noche entraré en tu habitación mientras duermes e intentaré robarte esa gota de sangre. Quizás me descubras y acabes con mi vida. Quizás pase a ser otra de esas marcas en tu pared. No te odiaré por ello.

Pero tengo que hacerlo. Por mí misma, por él, por mis hijos, por el futuro.

Somos enemigas, pero yo tengo mucho más que perder que tú. No me odies por ello.

Se despide de ti, con sincero cariño, tu hermana la Mosquito.

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¿Cuánto dura el amor?

Nada es eterno

Al atardecer, iluminados por la luz del ocaso y tomados de la mano, una pareja de amantes pasea por el parque. Aunque sea incoherente con la hora, asumiremos que cantan los pajaritos y revolotean las mariposas, por dar un poco de atmósfera al asunto.

Te lo advierto: Esto va a ir de matemáticas.

Se aman en ese instante con perfección poética, sin pensar en el mañana, como si su amor fuese a ser eterno (¿hay otra forma?). Pero, en ocasiones (la mente humana es inquisitiva) se preguntan cuánto durará su amor.

Nada es eterno y, como muy tarde, la cosa acabará cuando "la muerte los separe".

¿Sería posible predecir, con algún tipo de seguridad, cuanto tiempo le queda a ese amor?

Teniendo en cuenta que la pareja del primer párrafo es inventada y, por tanto, me da igual cómo vaya su relación, plantearemos esto de un modo más personal:

¿Cuanto durará mi relación con Li?

Conozco cuánto hace que empezó esta relación, pero no se cuando terminará.

Seguramente podría buscar por ahí estadísticas de duración de parejas para, en base a ellas, hacer una estimación. Pero vamos a usar otro método más interesante.

Li y yo en un rectángulo verde

Gráfica de mi relación con Li (ver texto)

El cuadro de la imagen de arriba representa la duración de mi relación con Li.

En el extremo izquierdo el punto "0" indica el origen y a la derecha está el final, que no sé cuándo llegará (y por eso tiene unos interrogantes). El tiempo transcurrido entre esos dos momentos es el tiempo que durará nuestra relación. Besos, peleas, paseos, alegrías y tristezas resumidos en un miserable rectángulo verde. Insisto en que no sabemos cuánto tiempo es en realidad (ni cuantos besos, peleas, paseos, alegrías o tristezas hay ahí), pero es trivial decir que, sea cual sea, ese es el 100% de nuestra duración como pareja.

Hoy es un día cualquiera. Hace tres años y cuatro meses que Li y yo empezamos con esto y aún no hemos terminado, por lo que hoy (como ayer, o como hace un mes) es un día como otro cualquiera de los contenidos en ese rectángulo verde. No podemos decir si está al principio, al final, o en qué parte del rectángulo (puede estar en cualquiera), pero está ahí, con el resto de nuestros días de pareja.

Si yo dividiera el rectángulo en cien segmentos iguales el día de hoy tendría, lógicamente, una posibilidad entre cien (1%) de encontrarse en cada uno de ellos en concreto.

Ahora, en el siguiente dibujo, he hecho algunos trocitos en nuestro recuadro. He marcado en rojo pequeños sectores al principio y al final. Concretamente, un 2.5% al principio y un 2.5% al final. He dejado en verde el tramo central (un 95% del total).

Gráfica de mi relación con Li (ver texto)

Ahora bien ¿En cuál de esos tres tramos se encuentra el día de hoy?

Dado que, como hemos visto antes, tiene las mismas probabilidades de estar en cualquier punto del rectángulo, lógicamente tendrá un 2.5% de posibilidades de estar al principio (el área roja de la izquierda), otras tantas de estar al final (el área roja de la derecha), y un 95% de estar en la zona central (la zona verde).

De modo que puedo decir, con una seguridad del 95%, que en este momento nos encontramos en ese tramo central de nuestra relación.

Evidente.

¿Qué puedo sacar de eso?

Unos pequeños cálculos

Si nos encontrásemos justo al principio del tramo central, eso querría decir que habría transcurrido el 2.5% desde el comienzo, y aún tendríamos por delante un buen 97.5%.

En este caso, si dividimos la fracción de tiempo que nos queda por la que ya ha transcurrido, obtenemos que lo que quedaría por delante es igual a 39 veces el tiempo que ya ha pasado:

97.5 / 2.5 = 39

Pero, si nos encontrásemos justo al final del tramo central, habría pasado ya el 97.5% del tiempo total, y solo nos quedaría el 2.5%.

Haciendo la misma división (tiempo que nos queda partido tiempo transcurrido) obtenemos que la esperanza de nuestro amor se reduce a 1/39 de lo que ya ha durado.

2.5 / 97.5 = 1/39

Como el día de hoy tiene que estar (con un 95% de probabilidades) entre esos dos puntos, tengo una seguridad del 95% de que a mi relación con Li aún le quede entre 1/39 y 39 veces el tiempo transcurrido hasta ahora.

Como llevo con Li 3.3 años, eso significa que:

3.3 / 39 = 0.085 (30.88 días)

3.3 * 39 = 128.7

Tengo un 95% de posibilidades de que nuestra pareja termine en algún momento entre 30.88 días y 128.7 años a partir de ahora.

Puntualizaciones

Pudiera ser que Li me abandonase esta misma tarde o que nuestro amor lo soportase todo, y continuásemos así los próximos 130 años. En ambos casos mi predicción fallaría.

Pero sólo hay unas probabilidades del 5% de que eso ocurra.

Lógicamente, no espero vivir 130 años. Pero ten en cuenta que en todo este razonamiento NO he introducido ninguna suposición sobre esperanzas de vida ni similares. Podrías aplicarlo a especies alienígenas de las que no supieras su lapso de vida. El resultado es correcto independientemente de esa información. Ese 95% sigue siendo cierto.

El único dato necesario es el tiempo que ha transcurrido hasta el momento de hacer el cálculo, y las dos únicas condiciones son que el periodo a calcular sea finito (que realmente acabe alguna vez) y que el momento del cálculo sea "un día cualquiera". Lo de "Un día cualquiera" quiere decir que debe ser independiente del momento de inicio o la duración.

Por ejemplo, no vale hacer las cuentas "a los cinco minutos de empezar", "a la semana de empezar", en vuestro primer aniversario o tras vuestro primer polvo. Todos esos momentos dependen de la duración de vuestra relación y, por tanto, no son aleatorios.

Un buen momento para hacer el cálculo sería precisamente ahora: El que estés leyendo esto no está (en principio) relacionado con tu vida en pareja, por lo que es un buen "punto cualquiera" de esta.

He dicho "en principio" porque, si has llegado aquí por medio de un buscador preguntando por el futuro de tu nueva relación, este no sería un buen momento.

La horquilla (de 30.88 días a 128.7 años) puede parecer muy amplia, pero me asegura un 95%. Si aplicas el mismo argumento bajando ese porcentaje, tendrás una horquilla más estrecha.

Por ejemplo: Tengo un 50% de posibilidades de que a esta relación le queden entre uno y nueve años.

Nota que este método no es sólo aplicable a la duración de las parejas: Cualquier periodo que cumpla las condiciones que te digo arriba se puede calcular por este medio.

Todo esto está basado en el trabajo de J. Richard Gott "Implications of the Copernican principle for our future prospects", publicado en Nature el 27 mayo 1992, y lo he extraído del capítulo 5 de su libro "Los viajes en el tiempo y el Universo de Einstein". Aunque debo decir que él lo explica mucho mejor, lo aplica temas algo menos triviales y explora bastante más sus implicaciones científicas, heurísticas y cosmológicas.
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Reto friki (Respuesta)

Para mi sorpresa, a los pocos minutos de escribir el anterior post (¿Pero esas son horas de leer blogs?), ya había una respuesta de pjorge que, discretamente para no joder el chiste antes de tiempo, lo avalaba como lo suficientemente friki para establecer la relación.

Posteriormente, varios comentarios más demostraban que hay mucho friki leyendo este blog...

El perro de peluche que lleva Trillian en la escena de la fiesta es, efectivamente, un Beagle (De hecho, en la versión en ingles de la película, Trillian nombra la especie concreta, que se ha quedado en "perro" en la versión española).

Y "HMS Beagle" es el nombre del que probablemente sea el barco más famoso de la historia de la biología: El bergantín en el que Charles Darwin viajó como acompañante del capitán FitzRoy en su viaje alrededor del mundo. Viaje que, en última instancia, le ayudó a modelar la teoría de la Evolución.

Con lo que queda establecida la relación entre el perro y Darwin.

Ya te dije que era un chiste demasiado friki.

De todos modos, y en vista del nivel demostrado, tendré que buscar preguntas más difíciles...

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Los títulos de ciencias son peores

El título de este post es deliberadamente ambiguo. No me refiero en él a las titulaciones académicas de las facultades de ciencias. Me refiero a los titulares de prensa, blogs y otros medios que, cuando hablan (¿hablamos?) de ciencia suelen poner títulos horribles.

A mí me pasa. Supongo que también le ocurre a todos los escritores, a los periodistas y a los blogueros y, en general, a todo el que escriba algo: Nos perdemos por un "buen" título. Que sea agudo, divertido, "chispeante".

Y, claro, la cagamos.

Creo que mi mejor ejemplo personal (aparte del propio título del blog) fue un post que titulé, inconscientemente, "Sexo real y natural". Todavía me estoy arrepintiendo...

Todo esto viene a que Evolutionibus publicó un post con el equívoco título de " Los que más se afanan por buscar pareja son los de menos cerebro". Seguro que te viene a la mente alguna idea de sobre qué puede tratar. Y seguro que te equivocas.

El post en cuestión trata de un estudio científico sobre varias especies de primates, que se centra básicamente en dos comparaciones:

En la primera buscan una correlación entre el tamaño del cerebro de varias especies de primates y la "Competencia espermática" (luego vamos a ello).

En la segunda comparan el tamaño del cerebro de esos primates con el grado de competencia entre los machos por el acceso a las hembras.

La investigación trata de aportar información al viejo tema de las causas evolutivas del gran tamaño del cerebro de los primates (entre los que nos encontramos nosotros) y es interesante en sí misma, y por eso me voy a poner en plan coñazo con ella (que conste que te he avisado).

En todo este post, cuando hablo de "tamaño del cerebro", me refiero en realidad a la relación entre masa del cerebro y masa corporal de cada especie (índice de encefalización). Con lo que, por ejemplo, los chimpancés tienen un cerebro "mas grande" que los gorilas, a pesar de que en términos absolutos el cerebro del gorila pesa más.

Espermatozoides

Un ser humano (macho) produce unos mil espermatozoides por segundo. Y, como ya vimos una vez, usa unos trescientos millones en cada eyaculación. Lo mires como lo mires, es un desperdicio. Y los humanos somos bastante economizadores en este aspecto...

Si has hecho el cálculo, quizás te preocupe ver que se necesitan casi tres días y medio para recuperar las "pérdidas" de un orgasmo. Para tu tranquilidad, las vesículas seminales (Corrección gracias a pedriyanero: la cola del epididimo) contiene reservas para unas quince eyaculaciones. Si, por el contrario, te preocupa que la abstinencia pueda causar un acumulo excesivo, te tranquilizará saber que los espermatozoides vienen con fecha de caducidad, y las reservas se van renovando cada dos meses y medio, más o menos.

Pero si, en teoría, con un espermatozoide por eyaculación la cosa podría funcionar perfectamente ¿a qué viene tanto dispendio?

Para empezar, el interior de una hembra no es un sitio agradable para un espermatozoide, está lleno de peligros, y muchísimos van a caer por el camino. Pero esto es más un efecto que una causa, y ahora quiero centrarme en otro aspecto.

Competencia Espermática

Supongamos que eres un macho que, amablemente, cedes una cantidad determinada de espermatozoides a una hembra. Obviamente, tú quieres que los emplee en fertilizar sus óvulos. Todos ellos, si fuera posible.

La hembra, por su parte, puede tener mejores planes. ¿Para qué tomar los espermatozoides de un solo macho pudiendo usar los de varios? Mejor que sobren y, sobre todo, mejor tener una gran variedad de potenciales padres para tus hijos.

La proverbial frase "No pongas todos tus óvulos en la misma cesta" viene que ni pintada al caso.

Muchísimos animales (quizás todos, según se mire) optan, en diverso grado, por esta estrategia: Varios machos inseminan a la misma hembra (Esta estrategia es complementaria de la de "un macho insemina varias hembras", pero eso ya es otra historia. Baste decir que ambas, en principio, ni se excluyen ni se necesitan).

Pero, si una hembra copula con varios machos que quieren ser los padres de sus hijos, estos se convierten por definición en competidores. Cada uno querrá tener más oportunidades para fertilizar esos óvulos que los demás.

Esto es lo que se llama "competencia espermática".

Hay varias formas de aumentar esas posibilidades (algunas increíblemente imaginativas, como ponerle un "tapón" a la hembra o intentar extraer o incluso "envenenar" al esperma de los demás) pero la más evidente es poner más espermatozoides en juego. Cuantos más boletos de lotería compres, más oportunidades de ganar tienes.

De aquí llegamos a una conclusión interesante (u comprobada empíricamente): En las especies en las que las hembras opten por usar varios machos, estos tenderán a producir más espermatozoides que aquellas en las que las hembras sean más comedidas.

En los mamíferos este extremo es bastante fácil de comprobar visualmente: Para producir más espermatozoides hacen falta unos testículos más grandes, y estos suelen ser más visibles.

Lo que nos lleva, por fin, a uno de los parámetros del experimento: Los investigadores han evaluado la competencia espermática de cada especie por el tamaño de sus testículos.

Y, volviendo a la cuestión del principio ¿Hay alguna correlación entre la competencia espermática y el tamaño del cerebro de una especie?

Dicho de otro modo ¿Hay relación interespecífica entre el tamaño de los testículos y el del cerebro?

Pues resulta que no.

Lo cual es una pena porque "Los que tienen más cojones son más listos" habría sido un titular muy llamativo.

Pero vamos a la segunda parte.

Dimorfismo Sexual

En lugar (o además) de poner a los espermatozoides a competir, muchas especies optan por poner a competir a los machos antes de la cópula. Los machos pelean de una u otra forma, y las hembras se quedan con los vencedores y su esperma.

Lógicamente, los machos más grandes, fuertes y con más músculo tendrán más oportunidades en esta clase de competición. A un macho de estas especies le conviene gastar energías en crear músculos (o algún otro tipo de adaptaciones para la "pelea", como cuernos y similares) si quiere tener hijos.

Pero las hembras no tienen que pelear, por lo que no les interesa desperdiciar energías en hacerse más grandes.

Por eso en las especies que optan por la "pelea de machos" se suele dar un gran "Dimorfismo sexual" (Que machos y hembras son físicamente muy diferentes).

De modo que midiendo ese Dimorfismo sexual de una especie se puede obtener una idea de cuanta competencia hay entre machos por el acceso a las hembras. Que es lo que han hecho los del experimento del que hablamos.

Y esta vez sí, comparando el grado de dimorfismo (y, por tanto, el grado de competencia por las hembras) con el tamaño del cerebro entre especies, han encontrado una correlación.

Y resulta que las especies que tienen menos dimorfismo (menos competencia) suelen tener cerebros mayores.

Esto es interesante, porque obliga a ajustar algunas hipótesis. Se supone que fue la complejidad social lo que impulsó la encefalización de los primates. Y, en principio, la cosa cuadra. Pero la complejidad social se suele medir en función del número de individuos que forman cada grupo, y algunas de las especies que forman grupos grandes tienen también una gran competencia entre los machos por el acceso a las hembras. Este estudio induce a pensar que hay que corregir la "hipótesis social" o buscar modos más precisos para medir cómo de compleja es una sociedad de primates determinada.

Se trata de un trabajo serio que puede ser cierto o nó (y lógicamente, yo no tengo la capacidad ni los conocimientos para evaluar esto), pero está bien fundado sobre teorías sólidas y, al menos, tiene buen aspecto. Lo malo son las absurdas interpretaciones que hemos querido querido darle.

Intraespecífico e Interespecífico

Este estudio habla de especies, estudia especies y compara especies. Trata de dar una explicación a las variaciones de una serie de rasgos entre especies.

No habla para nada, ni podría hacerlo, de variaciones entre individuos dentro de una misma especie. Las diferencias entre especies distintas (interespecíficas) no tienen nada que ver con las diferencias entre miembros en el seno de una de ellas (intraespecíficas).

Y, además, los seres humanos tenemos una cultura (o unas culturas) que multiplica más aún la varabilidad de comportamientos. El que un amigo mío sea más grande y fuerte que yo no implica, evidentemente, que él pelee por el acceso a las mujeres y yo no. Que un tipo tenga unos testículos gigantescos o un impresionante recuento de espermatozoides no quiere decir que su mujer tenga cientos de amantes. Las razones porque unas personas sean mas promiscuas que otras, o que unas culturas sean polígamas y otras monógamas no tienen nada que ver con estrategias evolutivas. Y no, ser más o menos ligón no es "Competencia por el acceso a las hembras".

Recuerda. Si tienes que irte con una sola idea en la cabeza después de leer este post es esta: Las diferencias entre especies distintas no tienen nada que ver con las diferencias entre miembros en el seno de una de ellas.

De modo que expresiones como "Los ligones son mas tontos" o el propio titular "Los que más se afanan por buscar pareja son menos inteligentes" no tienen ningún sentido, ni siquiera como aproximación. Si das un vistazo a los comentarios del post de Evolutionibus o, sobre todo, los de Meneame y los de 20 minutos, verás que la mayoría se equivoca completamente por esta misma razón.

Los ligones pueden estar tranquilos: Su cerebro es como el de los demás.

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Russell y el Papa

Bertrand Russell, mitrado

Cuentan (aunque la anécdota parece demasiado elegante para ser cierta) que un día, despues de una clase, un alumno preguntó a Bertrand Russell:

¿Es cierto que si un sistema contiene aunque sea un enunciado falso, se puede demostrar cualquier cosa con él?

Por supuesto -Respondió Russell.

Entonces, si aceptamos que dos y dos son cinco ¿podría demostrar que usted es el Papa de Roma?

Claro, es fácil:

Si 2 + 2 = 5, entonces 2 = 5 - 2, por lo que 2 = 3.

Restando uno resulta que 1 = 2.

El Papa y yo somos dos y, por tanto, el Papa y yo somos uno.

Q.E.D.

La foto de la izquierda no pretende incitar al consumo de derivados del tabaco (Ni al uso de mitra, dicho sea de paso). Se trata de un (cutre) montaje superponiendo un objeto a la foto de Russell (La mitra, no la pipa).
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